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miércoles, 18 de noviembre de 2020

Lexicón autlense 15: Boquelo


 La ciencia médica llama trastornos de la articulación temporomandibular a una serie de afectaciones de las articulaciones y músculos de la masticación, que conectan la mandíbula inferior con el cráneo. Estos trastornos y sus causas son muy variados, así como sus tratamientos y sus consecuencias a largo plazo.

Cuando esas articulaciones sufren alguno de estos trastornos el paciente puede sufrir síntomas muy diversos, aunque el que nos ocupa en este texto es solo uno: la dificultad para mantener la boca cerrada, en el sentido literal del término. Quien sufre este padecimiento luce la mandíbula “caída”, con la consecuencia de que su boca permanece abierta aunque su dueño no esté hablando ni comiendo. En no pocas ocasiones el labio inferior luce como proyectado hacia adelante, acaso por efecto de la gravedad.

Aunque actualmente con mucho menor frecuencia que hace un par de décadas, en Autlán se le llama boquelo/a a quien padece de este síntoma. El término es siempre despectivo, si se le dirige de frente al afectado es a manera de insulto o, cuando menos, de una muy pesada llevadera. Cuando lo decimos a sus espaldas es porque el paciente está siendo duramente criticado por nosotros.

El diccionario de la Real Academia Española de la Lengua no recoge este término en alguno de sus diccionarios, tampoco la Academia Mexicana lo tiene en su diccionario de mexicanismos. No conozco algún ejemplo de su uso en alguna otra región del país, fuera del Occidente de México.

Sin embargo, el origen etimológico de boquelo parece fácil de rastrear: como otras palabras que tienen relación con ella, su origen podría estar en el latín bucco, que significa boca. El sufijo –elo que la completa se usa normalmente como un diminutivo un tanto cariñoso: chicuelo por chico, tontuelo por tonto, etc. Un boquelo sería, entonces, un término no muy duro para designar a alguien que es llamativo por su boca. Aunque, claro, esto es pura especulación.

Pero hay que decir otra cosa: aunque ya dije que el diccionario de la RAE no incluye el término boquelo, el de la Real Academia Galega sí lo tiene. En gallego la palabra boquelo tiene dos acepciones: “agujero debajo del horno para tirar la basura” y “apertura, paso, generalmente más pequeño que la boquilla”. Los dos conceptos son evidentemente hijos del latín bucco y, para el uso que se da a boquelo en nuestra región, es el primero el que parece tener mayor relación.

¿Será nuestra palabra boquelo una importación del idioma gallego o una construcción local hecha con elementos latinos?

Fuentes:

* Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, consultado en https://dle.rae.es/buco#2gifcFT

* Diccionario de la Real Academia Galega, consultado en https://academia.gal/dicionario/-/termo/boquelo

* Trastornos de la articulación temporomandibular, en MedlinePlus. Consultado en https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/001227.htm

viernes, 2 de octubre de 2020

Lexicón autlense 14: ¿Autlenses o autlecos?


Una duda recurrente en el español que se habla en nuestra región gira alrededor del gentilicio de los habitantes de Autlán: ¿es correcto llamarnos autlenses, como lo dicta el uso generalizado, o autlecos, como opinan algunos?

La respuesta a esta terrible interrogante en realidad es muy sencilla. Tanto, que podría resultar sorprendente para algunos o decepcionante para otros. La Real Academia Española de la Lengua en realidad no tiene establecida una norma para la creación de gentilicios y son relativamente pocos los que recoge en su diccionario. En teoría, esto nos da la libertad a los hablantes (que, dicho sea de paso, somos los creadores y portadores del idioma) de construir los gentilicios como nos dé la gana o, dicho más amablemente, como lo dicte la costumbre.

Para reforzar esto, la Academia Mexicana de la Lengua nos aclara en una entrada publicada en su sitio web sobre el gentilicio de los habitantes de la Ciudad de México que “juzga adecuado que para ello se haga uso de las formas más comunes y ya existentes en las preferencias lingüísticas de nuestro país, ya que las formas para designar a los habitantes de un lugar son el resultado de convenciones sociales, y son los hablantes quienes determinan el gentilicio correspondiente a cada lugar.

Dicho esto, queda aclarado el primer elemento de la pregunta que hicimos al principio: no hay necesidad de determinar una forma correcta para construir el gentilicio de los habitantes o naturales de Autlán. O, mejor dicho, las dos opciones que se mencionan son correctas, pues están construidas conforme a las reglas de nuestra lengua.

Ambas formas tienen como raíz autl-, procedente del nombre de nuestro pueblo. La forma autlense está construida agregando el sufijo –ense, que viene del latín, lengua origen del español. Esto justifica su uso entre quienes hablamos este idioma. Por su lado, la forma autleco se obtiene agregando a la mencionada raíz el sufijo –eco que, como nos explica el filólogo don José Guadalupe Moreno de Alba proviene del náhuatl –écatl y, debido al uso y a que el español no tiene la terminación tl se deformó a la forma que conocemos. El nombre de Autlán, como sabemos, es de origen náhuatl, por lo que el uso del gentilicio autleco está, también, plenamente justificado.

De las dos formas, autlense es la más difundida, como sabemos. Se usa en documentos oficiales, como los que emite el Ayuntamiento de Autlán, y ha aparecido en obras literarias y musicales: recordemos, por ejemplo, el volumen Cuentos autlenses, de Juan Manuel Gómez Sandoval, o la conocida canción El autlense, interpretada por el mariachi Los Camperos, de Nati Cano.

Pero la forma autleco también tiene lo suyo: entre sus usuarios estaba nada menos que don Antonio Alatorre, quien se decía autleco. Además, en el acta que levantaron las autoridades locales el 21 de junio de 1821 para jurar la independencia del país se menciona que el Dios "que libertó a los israelitas de Faraón y que derramó en este día los mismos bienes entre los americanos autlecos"... 

Fuentes:

     * Moreno de Alba, José Guadalupe. El sufijo –eco, publicado en el libro La lengua española en México. Fondo de Cultura Económica, México, 2003.

  Gentilicio de la Ciudad de México. Academia Mexicana de la Lengua, consultado en http://www.academia.org.mx/espin/respuestas/item/gentilicio-de-ciudad-de-mexico

martes, 28 de abril de 2020

Lexicón autlense 13: Averiguata

Fragmento del Mural de los Toreros Ilustres, de José López "Canito".


La Real Academia Española de la Lengua nos dice en su diccionario en línea que averiguar es “inquirir la verdad hasta descubrirla”. Además, ofrece una segunda acepción, como verbo intransitivo, atribuido a los hablantes oriundos de El Salvador: “Discutir, protestar, hablar mucho”. De esta definición, la RAE hace derivar la palabra averiguata, que define como “discusión acalorada y prolongada”.
En Autlán, por lo menos desde la primera mitad del siglo XX, se usa la palabra averiguata con un sentido semejante al que la RAE asigna a los hablantes salvadoreños. Así me lo han confirmado personas nacidas aquí en las primeras décadas del siglo y que en su vejez todavía usan el término, aunque también lo he escuchado recientemente entre adultos jóvenes.
Una averiguata entre los hablantes autlenses puede ser, como lo define el diccionario, una discusión acalorada y prolongada entre dos o más personas, pero también una perorata tumultuaria, donde un grupo de gentes se hace de palabras de forma estridente, aunque sea amistosamente, sobre cualquier asunto.
En el caso autlense, y esto debe ser tomado como mera especulación, averiguar y averiguata podrían provenir de las discusiones generadas cuando alguna autoridad de bajo nivel, léase gendarme o cuico, interrogaba a alguno para averiguar los detalles de un desorden público, provocando molestia o franco enojo en el interrogado. La natural discusión derivada de esta averiguación pudo haberse asociado, por posible repetición, con el acto de averiguar, quedando este verbo destinado a definir las acciones de discutir y de investigar.
La palabra averiguata viene, claramente, del verbo averiguar, como bien lo explica el multicitado diccionario. Pero, para convertirlo en sustantivo, al verbo se le agrega el sufijo –ata, proveniente del latín y compartido por los idiomas español e italiano, y que da efecto de acción. Mediante este proceso llegamos a tener averiguatas como tenemos peroratas, debidas a quien nos endilga un sermón aburridor, y sonatas, una cierta forma de composición musical.
Algunos ejemplos del uso de averiguata en Autlán pueden ser los siguientes:

- Anoche el vecino no me dejó dormir, sabe qué averiguata traía con su esposa.

- Con esa averiguata parece como si de veras estuvieran estudiando. Parecen la pura verdad.

- No sé qué tanta averiguata traían. Me enfadaron y ahí los dejé.

jueves, 8 de marzo de 2018

Lexicón autlense 12: Bolsa naila


Como bolsa naila se conoce en Autlán a toda clase de bolsas de plástico, cualquiera que sea su forma y función, así como el material específico con el que están fabricadas: lo mismo las "de colgadera", es decir, las que cuentan con agarraderas para sujetarlas, que las bolsitas transparentes como las que en otros tiempos se usaban para servir refrescos en las tiendas de abarrotes, "para llevar".
El término naila, que como adjetivo acompaña al sustantivo bolsa en esta expresión, parece derivar de nailon (nylon en inglés), el nombre de la fibra textil sintética patentada en 1938 por el estadounidense Wallace Hume Carothers y cuyo uso se popularizó desde entonces en todo tipo de usos: desde cuerdas de guitarra hasta piezas para automóvil, pasando por las bolsas mencionadas arriba. Si, como parece lógico, el término tiene ese origen, se trata de una curiosa adaptación de un término extranjero al habla popular, que incluyó su cambio al género gramatical femenino para que concordara con el del sustantivo bolsa.
Debo aclarar que el término “bolsa naila” ya es poco utilizado y está restringido más bien a los hablantes de mayor edad. En las décadas de los 1970 y 1980 la expresión era popular incluso en los jóvenes; las generaciones actuales prefieren llamar a estos objetos simplemente “bolsas de plástico”.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Lexicón autlense 11: Trigarante

Detalle de la bandera del Ejército Trigarante. Tomado de México Desconocido.

La palabra trigarante se utilizaba en Autlán como adjetivo, todavía hasta hace pocas décadas, para describir a una persona de porte imponente y elegante. Francisco Enríquez Lizaola en el glosario de su libro Color Grana, da para esta palabra el significado de "contento, feliz, alegre."
Ejemplos de su aplicación podrían ser "Te vi en el jardín y ni me saludaste, ibas muy trigarante" o "Venía muy trigarante." Su uso fue medianamente extendido entre las clases populares, aunque en nuestros días prácticamente ha desaparecido.
Esta palabra llegó al habla popular autlense seguramente en alusión al Ejército Trigarante, que hizo la entrada triunfal a la ciudad de México el 27 de septiembre de 1821, finalizando de esa forma la Guerra de Independencia. Y, como todos recordamos, se llamaba trigarante por defender tres garantías para la nueva nación: religión, independencia y unión.
Es probable que el uso que se le daba al adjetivo trigarante en Autlán fuera una reminiscencia de la euforia que se vivió en aquellos primeros años de vida independiente, atribuyéndosele los significados de majestuosidad y alegría que se relacionaban con el ejército comandado por Agustín de Iturbide y Vicente Guerrero.

sábado, 23 de agosto de 2014

Lexicón autlense 10: Lebrón


En Autlán todavía hay personas que utilizan la palabra lebrón, con un par de significados: el de hombre alto y corpulento o el de hombre valiente, "aventado": "Andaba de payaso hasta que le salió un lebrón que lo puso al tiro" sería un ejemplo de la aplicación de este adjetivo.
La evolución que ha tenido el significado de lebrón en Autlán es muy curioso, al llegar a ser completamente distinto al oficial: según el diccionario de la Real Academia Española lebrón significa "hombre tímido y cobarde", lo que se explica con su origen etimológico, que es un aumentativo de la palabra liebre.
Esta diferencia radical en el significado podría sugerir que el lebrón que usamos en Autlán no sea necesariamente el que indica la RAE sino que tenga su origen en el apellido español Lebrón que, según algunas fuentes, tendría raíces francesas. Si fuera así, este término se usaría recordando a alguien de apellido Lebrón. Podemos recordar, por ejemplo, que en el año 1553 visitó Autlán el licenciado Lorenzo Lebrón de Quiñones, oidor de la Audiencia de Nueva Galicia, para conocer la situación y conformación de las encomiendas... aunque esta explicación del origen de lebrón no es más que una mera especulación.
La palabra se usa ya muy poco y cada vez menos, es probable que no sobreviva a esta generación.

martes, 17 de junio de 2014

Lexicón autlense 9: Engrirse



Este verbo se usa ampliamente en Autlán para definir la acción de encariñarse una persona o un animal a un lugar o a otra persona. Aunque el sentido que se le da aquí a esta palabra no es solamente el de tomar cariño, sino el de hacerlo interesadamente, esperando algo a cambio o después de haberlo recibido.
Así, se advierte que no se debe alimentar a los perros o gatos callejeros porque "se ingren", se aconseja a las señoras cocinar los platillos que más le gustan a sus maridos para "tenerlos engridos", etc. Aquí es bueno comentar el detalle de que el verbo engrir tiene una forma de conjugación muy curiosa pues, aunque su inicial es la letra e, en los tiempo presente y pasado se conjuga iniciando con i (ingre, ingrió).
Al parecer esta palabra es derivada del verbo engreír, de la que el diccionario de la RAE da tres acepciones, siendo la segunda de ellas, referida para Andalucía y América "Encariñar, aficionar", que corresponde casi exactamente con engrir. Quizás la deformación fonética venga precisamente por la conjugación en presente del verbo engreír (engrío, engríes, engríe...) que suena muy parecido a engrirse.
Engrirse es una palabra utilizada en Autlán por gente de todas las edades, por lo que parece que no corre peligro de desaparecer en esta generación.

lunes, 14 de abril de 2014

Lexicón autlense 8: Tilanga



Tilanga es un sustantivo de uso común en Autlán y la región para nombrar a un pedazo de tela, por lo general raído y de poco valor que, al haber pasado sus mejores tiempos, es ahora utilizado para sacudir. Por extensión se le llama así también a la ropa ya muy usada y/o de mala calidad.
También, usándola como adjetivo, sirve para definir a una persona malintencionada, incapaz de ayudar de alguna manera a su prójimo pero sí lista para perjudicarlo a la menor oportunidad. Aunque en este uso la palabra tilanga es ampliamente superada por su sinónimo garra, hay una frase que se escucha comúnmente (¡Garra, tilanga meada!) y que las reúne a las dos magistralmente.
Hay todavía otro uso para tilanga, igual de despectivo que el anterior: se usa como sinónimo de mujer, cuando se tiene la intención de sobajar hasta el insulto a la persona que se le aplica ("La tilanga de la tienda no me quiso fiar"). El rencor y las ganas de destacar la fealdad de la mujer son las principales motivaciones para este uso de tilanga.
En otras regiones de México se usa en lugar de tilanga la palabra tirlanga, aunque ninguna de las dos está registrada en el diccionario de la RAE. Curiosamente, tilanga también se usa en el portugués de Brasil, para nombrar a una mujer sumamente fea.

miércoles, 1 de enero de 2014

Lexicón autlense 7: Nango



Nango es una palabra de amplio uso en el sur de Jalisco (incluyendo a Autlán) y en el estado de Colima, con el significado de tonto o simplón. Se usa generalmente como adjetivo ("¡Qué nango estás!") y, con menos frecuencia, como sustantivo ("Este nango").
Su uso en Colima está documentado en el libro Ticús, Diccionario de colimotismos de Juan Carlos Reyes Garza (Universidad de Colima, 1991), mientras que en el sur de Jalisco lo menciona Luis Sandoval Godoy en Modos de hablar en Jalisco (Secretaría de Cultura, 2004), aunque desafortunadamente ninguno de los dos autores, aunque coinciden en su significado, ofrece el dato del origen etimológico o del uso de esta palabra.
Sin embargo, se pudieran aventurar un par de explicaciones sobre su etimología, sin que se pretenda con esto nada más que una simple especulación. La primera podría ser que nango tenga su origen en el sufijo -ango o -anga, utilizado para darle un significado despectivo a las palabras en las que se añade, por ejemplo fritanga.
La otra explicación es que podría derivar del idioma ñahñú u otomí, cuya palabra ngongo significa precisamente tonto.
De cualquier manera, el uso de nango, por lo menos con el significado de tonto, parece estar muy localizada en las regiones que mencioné al principio, donde además se han desarrollado derivados como el verbo anangar y el sustantivo nanguera.

martes, 19 de noviembre de 2013

Lexicón autlense 6: Sirimico



Cuando yo estaba en la primaria, por allá en los años 80, era común que algunas de las maestras más veteranas aplicaran el término sirimico a aquel de sus alumnos que se distinguía por su actitud festiva, por no decir que se comportaba como un payaso (en el mal sentido de la palabra) y que padecía de verborrea. La parabreja tiene un sonido bastante chistoso, tanto que a veces movía a risa más que las acciones del aludido.
Sirimico significa, por lo menos en el uso que se le da (o daba) en Autlán, precisamente sangrón, hablador, alguien que cae mal con su forma poco seria de comportarse. Este uso está respaldado por la opinión del reconocido estudioso Luis Sandoval Godoy, quien anota los términos sangrón y pesado como sinónimos de sirimico en el español que se habla en el sur de Jalisco.
Lo que sí es bastante más difuso es el origen de la palabra. En el estudio etimológico Toponimia del Alto Mijares y del Alto Palencia, de la filóloga Natividad Nebot Calpe, se señala que la palabra cirimico sería el diminutivo de una derivación de cermeña, una variedad de pera llamada así probablemente por su llamativa fragancia. ¿Tendrá algo que ver esta calidad aromática con lo llamativo de la conducta de un sirimico?
Otras palabras similares, por lo menos en su sonido, son la hondureña sirifico, con la que se nombra a alguien mentiroso, y chirimía, que se usa en Guatemala para señalar a alguien que habla demasiado y con voz aguda.

jueves, 26 de septiembre de 2013

Lexicón autlense 5: Gualele



Gualele es un adjetivo que en Autlán se utilizó hasta hace pocas décadas como sinónimo de tonto, aplicado a personas de pocas luces o cuyas limitaciones intelectuales eran evidentes. En el habla autlense contemporánea, la palabra más parecida en su significado es melolengo.
Todavía en los años 1960 era común el uso de este término por personas de todas las edades; estaba más arraigado que los actuales baboso o güey. En nuestros días es un término casi extinto, utilizado solamente por las personas de mayor edad o, como curiosidad, por quienes la acabamos de descubrir. Y es que, además, la palabreja tiene una sonoridad muy divertida, adecuada para la sana carrilla entre amigos.
Gualele aparece en el entrañable libro Color Grana, de Francisco Enríquez Lizaola, en varios de los diálogos y descripciones a los que recurre para recrear el ambiente cotidiano del Autlán de la primera mitad del siglo pasado. Está, además, en el glosario de términos autlenses que se incluye como apéndice del libro. Es la única publicación donde he podido encontrar esta palabra con su uso autlense.
Aunque por su sonido podría parecer que el origen de gualele podría estar en el idioma nahuatl, he encontrado que esta misma palabra se utiliza en la ciudad de Santa Cruz, Bolivia, para nombrar al plátano. Por lo tanto, es posible que haya llegado a América desde Europa o África, diversificándose su uso en las distintas regiones aunque esto, aclaro, es mera especulación.
Gualele es una de las palabras que no pudieron sobrevivir a la apertura de Autlán hacia el resto del mundo que ocurrió a mediados del siglo pasado.

viernes, 5 de julio de 2013

Lexicón autlense 4: Tira



Para extrañeza e hilaridad de los habitantes de otras regiones del país, en Autlán le llamamos tira al pan salado que en Guadalajara llaman birote. Esta costumbre le ha costado burlas y puyazos a más de un autlense en el exilio.
Sin embargo, no es tan descabellado llamarle tira a nuestro pan: a diferencia de las teleras y otros panes salados, no está hecha de una sola pieza sino de dos panes que se hornean "pegados", pero pueden despegarse fácilmente para comerlos por separado. Esto convierte a las tiras en eso, una tira de dos piezas de pan.
De hecho, en los países del Cono Sur es común un alimento al que llaman "tira de pan", también descendiente del pan francés (como el birote y la tira) y que, igual que en México, se come solo o relleno con otros ingredientes para formar platillos similares a las tortas mexicanas. Estas tiras de pan sudamericanas pueden estar formadas hasta por diez piezas.
Hasta donde sé, en ninguna otra región de México le llaman tira al birote. De ser así, sería este un regionalismo único, que podemos usar con orgullo y con la certeza de que no estamos "hablando raro" o usando esta palabra inadecuadamente.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Lexicón autlense 3: Verjoleto



Verjoleto es una palabra usada en varias regiones del país. En Autlán se usa para nombrar a un adolescente o preadolescente masculino, específicamente para hacer notar que tiene todavía actitudes de niño, no correspondientes a su verdadera edad. Un ejemplo sería la frase "¡Hey, verjoleto, bájate de la resbaladilla, ¿no ves que es para niños?!". Normalmente se usa como sustantivo, aunque ocasionalmente también se aplica como adjetivo ("Muchacho verjoleto").
En el libro Color Grana, de Francisco Enríquez Lizaola, publicado en edición de autor en 1997, viene un glosario de regionalismos utilizados en Autlán en la primera mitad del siglo XX, donde berjoleto (escrito con b), aparece con el significado de "tonto". En el uso cotidiano actual, por lo menos en Autlán, ya no es sinónimo de tonto.
El diccionario de la Real Academia de la Lengua no incluye ninguna entrada para verjoleto o berjoleto. Tampoco el de la Academia Mexicana, ni siquiera en su diccionario de mexicanismos, por lo que no podemos tener certeza de su origen etimológico. Sin embargo, aquí tendré la audacia de sugerir que proviene de la raíz latina vir, que a su vez viene del indoeuropeo wiro, de donde viene la palabra varón, y del sufijo diminutivo -eto, proveniente del idioma italiano, lo que daría un significado de "hombrecito" o "varoncejo". Y, como un verjoleto es un individuo que acaba de abandonar la niñez, no parecería tan descabellado ese origen, a reserva de la opinión de los conocedores de etimologías, a quienes pido el favor de su indulgencia.
Por otro lado, la palabra verjoleto ya no es muy común en el habla popular autlense, está arrinconada casi exclusivamente en las generaciones más antiguas. Tampoco ha sido sustituida por un sinónimo o término similar, por lo que es un buen ejemplo del empobrecimiento de nuestro lenguaje.

viernes, 22 de febrero de 2013

Lexicón autlense 2: Vale

Unos vales comprando pitayas en el portal.


"Vale" es un sustantivo impersonal de amplio uso en Autlán para referirse a alguien de quien no se conoce o no se quiere usar el nombre. Puede usarse en una conversación para mencionar a un tercero ("El vale que me vendió los boletos") o se le puede decir directamente a la persona aludida ("Oye, vale"). Se usa siempre de manera amistosa y respetuosa; cuando se pretende hacer una referencia peyorativa de alguien se usan otros sustantivos. Es el equivalente en Autlán y la región de términos como el che argentino, el hermano colombiano o el dude estadounidense, entre otros ejemplos.
No se sabe con certeza desde cuándo se usa la palabra vale en Autlán, pero aún las generaciones más antiguas de autlenses que aún viven ya la usaban en su juventud, por lo que su antigüedad es de, cuando menos, un siglo. Por su significado, es muy probable que se trate de una contracción de la palabra valedor que, según el diccionario de la Real Academia Española de la lengua, es alguien que vale o ampara. En el Distrito Federal todavía se usa completa la palabra valedor, aunque cada vez menos, para nombrar a una persona que le da valor o ayuda a otra de manera desinteresada. En el uso que se le da en la capital, esta palabra trasciende el significado de la amistad.
El periodista Tomás Mojarro en su libro ¡Mis valedores! Al poder popular, nos dice esto sobre el significado de valedor:

"...un hermano que auxilia al hermano es muy bella acción, pero no es un mérito mayor porque es hermano de sangre. Un amigo que auxilia a un amigo, no fueran amigos si no lo auxilia. Pero un desconocido que tiende la mano al que en ese momento está desvalido y que se va después de ayudarlo, ¿ése qué es? Es un valedor, porque al que en ese momento quedó sin valía, sin valor, atrapado en una circunstancia dificultosa, alguien le tiende la mano y le restablece su valía."

En la poesía española del siglo XVIII era común el uso de la palabra valedor y en el habla cotidiana también se utilizaban términos derivados, como valido, refiriéndose a los cortesanos que vivían a la sombra o valor del rey u otro noble de importancia. Si es cierta la aseveración de que vale es una contracción de valedor, entonces podemos decir que se trata de una verdadera antigüedad lingüística en el habla popular de la región.
Antes, en Autlán únicamente los hombres se trataban de vale, aunque ahora es cada vez más común que las mujeres también lo hagan. Incluso hay una curiosa variante, valecito, usada para reprender o reprochar a otro ("Ah, valecito"). Últimamente, el sustantivo vale está siendo sustituido por palabras similares pero con más difusión mediática, como wey bato, incluso por la inglesa dude. Como vale se usa generalmente en las clases más populares, resulta de más categoría para algunos decirse wey. Sintámonos orgullosos y preservemos nuestra reliquia lingüística de la mejor manera que existe: usándola.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Lexicón autlense 1: Uta



Uta es una interjección de amplio uso en Autlán para expresar una amplia variedad de estados de ánimo y como respuesta rápida a estímulos externos.
Se puede usar como expresión de alegría ("¡Uta, qué bueno!"), de enojo acompañada casi siempre por una grosería ("¡Uta, madre!") y de cualquier otro sentimiento que amerite una reacción verbal enjundiosa y efectiva. Usándola sola se puede, dependiendo del contexto, verbalizar conceptos tan contradictorios como aburrimiento o sorpresa, aceptación o rechazo, sin más distinción que la respectiva modulación de la voz y la expresión facial.
El origen de esta palabra no está muy claro, aunque existe la versión de que fue traída por los trabajadores que llegaron del estado de Veracruz al ingenio Melchor Ocampo en la década de los 70 junto con otras expresiones que no sobrevivieron, como "¡Uta, coño!" o "¡Hijueputa!". Hay también una variante de esta versión que dice que el uta que actualmente se usa en Autlán es solamente una abreviación de esta última.
Los autlenses estamos bien conscientes de que el uso del uta es uno de los elementos culturales que nos distinguen. Es común que cuando escuchamos a alguien decir esta palabra, le preguntemos a manera de broma "¿Eres de Autlán, vale?".
Uta también se utilizó en el lema del gremio Choferes del Carnaval de 1993, aquél en el que se festejaba el 450 aniversario de la fundación española de Autlán. El lema, que se usaba en camisetas y demás propaganda, era "¿Olvidarme yo de Autlán? ¡Uta!"