jueves, 26 de febrero de 2026

Con presencia autlense, se desarrolló el segundo Congreso Estatal de Cronistas e Historiadores en San Ignacio Cerro Gordo


 San Ignacio Cerro Gordo celebra su aniversario de fundación el 23 de febrero, fecha del año 1697 en que esta población comenzó su historia, todavía como hacienda. Y, como parte de las celebraciones por este aniversario, desde el año pasado se realiza en ese lugar un Congreso de Cronistas e Historiadores que organiza el gobierno municipal; el correspondiente a este año 2026 se realizó el pasado domingo 22 de febrero en la Casa de la Cultura de San Ignacio Cerro Gordo, con la participación de ponentes de Jalisco, Colima y Michoacán y con el tema general de “A cien años del inicio del conflicto Iglesia-Estado (1926-2026)”.

Algunos de los participantes en el Congreso llegamos a San Ignacio desde un día antes, otros lo hicieron temprano el mismo domingo, pero todos estábamos citados a las 9:00 horas en la Presidencia Municipal, donde fuimos recibidos por el doctor José Zócimo Orozco Orozco, cronista municipal, y por la presidente de ese municipio, Teresa Romo González. Ahí, colocados en el balcón de la Presidencia, fue tomada la fotografía oficial del Congreso. Luego de este acto protocolario y del registro de los participantes, fuimos conducidos a la cercana parroquia de san Ignacio de Loyola, de original fábrica, única en su estilo en los Altos, y de una rica y bien cuidada ornamentación, donde se nos dio una breve explicación de su origen y evolución. Se trata de un templo reciente, cuya construcción fue concluida en el siglo XX, que cuenta con un soberbio órgano tubular traído de California y que en estos días luce una decoración especial a base de mariposas de plástico que, según se nos aclaró, representan la alegría de las fiestas.

De aquí nos trasladamos a la Casa de la Cultura, ubicada a las afueras del pueblo, hacia el poniente. En el auditorio Cecilia González Gómez de ese lugar, a las 10:30 horas, comenzó la ceremonia de inauguración del Congreso, con la asistencia de unas 20 personas. En el presídium estuvieron la presidente municipal Teresa Romo, Verónica Valencia Salazar, de la Asociación Nacional de Cronistas de Ciudades y Comunidades Mexicanas (ANACCIM); el cronista Zócimo Orozco, el regidor Luis Ronaldo Morales Barba y Rosa Alicia Delgado, en representación de la presidente municipal de Encarnación de Díaz, Érika Adriana Cuevas Fuentes. Bajo la conducción de Fátima Martínez, señorita San Ignacio Cerro Gordo 2025, y de Refugio Morales Torrez, directora de Cultura municipal, la ceremonia se desarrolló de la siguiente forma:

La presidente Teresa Romo dio un mensaje de saludo y bienvenida a los visitantes, en el que afirmó que la Cristiada es un tema profundo y trascendente y que es invaluable el trabajo de los cronistas e historiadores para comprender quiénes somos y de dónde venimos. Dijo que su gobierno está comprometido con las actividades que ayuden a difundir la historia y el orgullo por lo que somos y que espera que este Congreso sea un espacio de reflexión.

Luego de este mensaje se rindieron honores a la Bandera, con la escolta de Seguridad Pública municipal y la banda de guerra Señor de la Esperanza, dirigida por el profesor Ricardo Lara Murillo. La ceremonia incluyó un juramento a la Bandera dirigido por el joven Natal Martínez, alumno del CECYTEJ de Capilla de Guadalupe. Con esto concluyó la ceremonia de inauguración y los ponentes pasamos a las cuatro salas en que se distribuyeron las mesas de trabajo temáticas, organizadas de la siguiente forma:

Trabajos en la mesa 1.


Mesa 1: Narraciones de hechos importantes de la Revolución Cristera en su lugar de origen, instalada en la sala de Música, con los siguientes ponentes: Víctor Gil Castañeda, de la Asociación Colimense de Periodistas y Escritores, quien presentó Narraciones de la Guerra Cristera en algunos autores regionales y colimenses; Mirtea Elizabeth Acuña Cepeda, de la Asociación de Cronistas de Pueblos y Ciudades del Estado de Colima, con el trabajo Cristiada: la educación en conflicto; Sergio Francisco Chapela Preciado, de Colima, presentó A 100 años de la Revolución Cristera, ¿qué hemos aprendido de ese fenómeno social?; la artista plástica arandense Hilda Cecilia Navarro Tejeda presentó Antonio Tejeda Ascencio en la Cristera; José Abelardo Ahumada González, de Colima, propuso Los más remotos antecedentes de la Cristiada en Colima; Guillermo Tovar Vázquez, cronista de Autlán, presentó Las necesidades de los valientes soldados de la libertad. Un intercambio epistolar entre el sacerdote Luis Orozco y el general Manuel Michel, y Martin Rodrigo López Sevilla, cronista de Manzanillo, presentó La toma de Manzanillo. Una efímera e increíble batalla.

Mesa 2: Mártires cristeros y personas destacadas en la lucha cristera. Participaron en ella Octavio Morales Padilla, del Centro de Estudios Cristeros Alfredo Hernández Quesada, de Encarnación de Díaz, con Mártires y héroes cristeros. Encarnación de Díaz, tierra de cristeros; Armando Quezada Solís, cronista de Vista Hermosa, Michoacán, con Los mártires de Sahuayo; Emmanuel Hernández Valdivia, de Capilla de Guadalupe, con Mártir del silencio. Murió por Dios y por la Patria. José Cecilio Gómez Castellanos (1874-1928); Víctor Manuel Mendoza Sánchez, cronista de Tuxpan, con Los santos que nacen del pueblo: José Isabel Vargas, y Andrés Martínez Martínez, historiador y cronista de San Miguel el Alto, con San Miguel el Alto, Jalisco: Brígido González 1927.

Mesa 3: Participación de la mujer en la Cristiada, con la artista Hilda Cecilia Navarro Tejeda, de Arandas, presentando el trabajo Las cristeras; Andrés Martínez Martínez de San Miguel el Alto, con San Miguel el Alto, Jalisco, crónica de la Cristiada (1926-1929): extracto del manuscrito redactado por María Concepción Alcalá; Francisco Javier Sánchez Muñoz, también cronista de San Miguel el Alto, con Las féminas en la confrontación Iglesia-Gobierno. Su influencia para el sostenimiento de la reyerta; José Salazar Aviña, cronista de Tecomán, con Suspensión del culto en Tecomán, Colima; Verónica Valencia Salazar de la ANACCIM con La mujer alteña: análisis de su desempeño en la Guerra Cristera a través de relatos, escritos y canciones, y José Luis Márquez Figueroa, de la Asociación de Cronistas de Pueblos y Ciudades del Estado de Colima, con Mujeres cristeras del volcán de Colima al Cerro de la Bufa y al Cerro del Cubilete.

Mesa 4: templos, capillas y monumentos erigidos con motivo de la rebelión cristera. Participaron Marco Antonio Corral Ramírez, cronista honorario de La Huerta, con dos trabajos: La “tumba de los cristeros” y “la cueva santa” en Cuautitlán de García Barragán y Un histórico tamarindo y una calle. Recuerdan en La Huerta la Guerra Cristera; José Ramón García Lepe, cronista de Mazamitla, presentó El ataque en el río de los Chilares, un episodio de la Revolución Cristera en Mazamitla; Juan Ramón Ramírez Andrade, cronista de Atotonilco el Alto, con Atotonilco el Alto y la Cristera; Silvia Hortencia Gallardo Covarrubias, con Revolución Cristera en Juchitlán, Jalisco; José Zócimo Orozco Orozco, cronista de San Ignacio Cerro Gordo, con El Señor de los Imposibles, y J. Guadalupe Guerrero Márquez, cronista de San Julián, con Más allá de los héroes. Defensores de la libertad religiosa en San Julián durante la Cristera, 1926-1929.

Un aspecto de la exposición Mural Cristero.


En la mesa 1, que fue en la que participó este cronista, los trabajos se desarrollaron de la siguiente forma:

Víctor Gil, de Colima, expuso Narraciones de la Guerra Cristera en algunos autores regionales y colimenses, un trabajo que aborda a 20 autores en cuya obra aparecen momentos, personajes o ambientes de la Cristiada, aunque en los 15 minutos que tuvimos cada uno para presentar nuestro trabajo solo alcanzó a hablar de cinco: Gregorio Macedo, Genaro Hernández, Crispín Calvario Zamora, Griselda Álvarez y la autlense Socorro Gómez Vázquez, quienes escribieron novelas, cuentos, poesía y otros géneros en los que mencionan, en mayor o menor amplitud, este periodo de nuestra historia. El trabajo del doctor Gil es bastante amplio, analiza los estilos de los autores que aborda y muestra datos de sus publicaciones y disponibilidad de sus obras.

Mirtea Acuña, también de Colima, presentó Cristiada: la educación en conflicto, un trabajo de análisis político y social de este periodo, en el que propone que se trató de un movimiento contrarrevolucionario que tuvo como trasfondo una disputa por el control ideológico entre dos Estados (la Iglesia y el Gobierno) teniendo a la educación como escenario. La ponente repasó algunos episodios anteriores de esta disputa, como las reformas borbónicas, la expulsión de los jesuitas y las Leyes de Reforma, argumentando que se trata de una guerra continua de la que la Cristiada fue un episodio más.

Sergio Chapela, colimense también, presentó A 100 años de la Revolución Cristera, ¿qué hemos aprendido de ese fenómeno social?, en el que comenta el proceso con el que la Iglesia se convirtió en un poder hegemónico, desde su imposición en la Conquista. La Cristiada, según este ponente, parte de un proceso de reacción a la pérdida de poder de la Iglesia a partir de las Leyes de Reforma; señala a la Iglesia como iniciadora del conflicto que inició en 1926, tergiversando el objetivo de la Ley Calles, aunque sigue presentándose como víctima. Afirmó, para concluir, que ninguna religión debe intervenir en asuntos públicos.

Abelardo Ahumada, otro colimense, expuso Los más remotos antecedentes de la Cristiada en Colima, una crónica del nacimiento y desarrollo de Colima, primero como territorio federal y luego como Estado de la Federación, y los conflictos por la organización política del país en el siglo XIX; en este contexto, el primer gobernador del nuevo Estado, Manuel Álvarez, se vio en la disyuntiva de jurar, por obligación, la Constitución de 1857, junto con todos los empleados públicos civiles y militares. Esta obligación se contraponía con la prohibición emitida por el arzobispo de México a todos los católicos de jurar la Constitución, por lo que hubo un conflicto de conciencia en quienes eran creyentes, mismo que escaló a un conflicto social que desembocó en la muerte de Álvarez y en el desencadenamiento de la guerra cristera del siglo XIX, de la que poco se habla.

Hilda Navarro, pintora de Arandas, narró el episodio de la muerte de Antonio Tejeda Ascencio en la localidad de Cerro Blanco, en ese municipio, previa tortura, por servir como mensajero de los cristeros, situación que fue vista por su hijo desde lejos. Esta historia le fue contada por su abuelo desde su infancia e inspiró en ella la idea de crear una serie de pinturas que sirvieran como crónica visual de esos acontecimientos, en la que participan varios pintores y que ya ha sido llevada a varios espacios, bajo el título de Mural Cristero. Esta exposición estuvo disponible en los pasillos de la Casa de la Cultura durante el Congreso.

Guillermo Tovar, cronista de Autlán, expuso Las necesidades de los valientes soldados de la libertad. Un intercambio epistolar entre el sacerdote Luis Orozco y el general Manuel Michel, un análisis de un par de cartas, cuyos originales se encuentran en el Museo Cristero de Encarnación de Díaz, que se intercambiaron estos personajes, el primero capellán de Las Montañas, en Autlán, y el segundo jefe del sector de San Gabriel en el ejército cristero. En ellas se habla de exigir a los ricos de Autlán una aportación económica para la causa, el sacerdote aboga por dos de ellos que ya han aportado mucho y sugiere que se exija aportación a otros ricos que nunca han hecho algún pago. El ponente propone, a partir de este caso, enfocar el conflicto hacia la sociedad civil, que terminó perdiendo su patrimonio y su tranquilidad durante esta guerra y las demás que ha vivido nuestro país.

Rodrigo López, cronista de Manzanillo, presentó una completa crónica de la toma de Manzanillo por los cristeros, con profusión de datos sobre el desarrollo de la batalla, sus participantes y una reflexión sobre cómo este conflicto entre hermanos nunca debió suceder.

Mesa de presídium durante la clausura. Al centro, Zócimo Orozco.


Al terminar los trabajos, los organizadores ofrecieron una comida en el patio de la Casa de la Cultura, consistente en birria, arroz y frijoles, con tortillas torteadas y agua fresca de jamaica, que tomamos con gusto antes de pasar de nuevo al auditorio para participar en la ceremonia de clausura, presidida por el cronista Zócimo Orozco y donde se entregaron reconocimientos a los participantes junto con un obsequio consistente en una botella de tequila Campanario, producido en San Ignacio.

Aunque el Congreso se desarrolló sin contratiempos y con trabajos interesantes, los ponentes y los organizadores no pudimos evitar un sentimiento de incertidumbre ante los acontecimientos violentos que se desarrollaban en diversos puntos de Jalisco en esas horas: si bien estábamos presentes y participando de las actividades, también buscábamos enterarnos cómo estaban nuestras familias en nuestros municipios de origen y si habría las condiciones para que regresáramos con seguridad.

Las autoridades de San Ignacio nos dieron todas las facilidades y los elementos para sentirnos seguros, les agradecemos desde aquí todas sus atenciones. 

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